viernes, 11 de marzo de 2011

no hay más

Un día decidí empezar a escribir.
Escribir cualquier cosa.
La necesidad de hablar fué una de las causas principales.
Y hoy ya no tengo más ganas de hablar,
por eso escribo.
O escribo para no hablar.
O no hablo para escribir.
Todo el problema está en las palabras.
Cuando hay demasiadas cosas que decir,
es mejor escribirlas,
al cabo de un tiempo cuando vuelves a leerlas,
parecen cuestiones triviales,
estúpidas,
y hasta te pueden causar gracia.
Te ríes de aquellas cosas que un día te llenaron de lágrimas y yo me pregunto:
¿ Qué haré aquel día en que deje de escribir lo que no hablo ?...
y así también me respondo,
ese día, me abrazaré a la muerte en su regazo..."

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