Parecías un niño, sonreías como tal, y como tal
te desprendías para volver luego, distraído sin atinar a qué.
No había más, sólo nosotros. Vuelves a mi como aquella noche,
tocados ambos por una prisa terrible, sin saber cómo y en qué, si
en que la espera y el aire se lleva nuestros labios, el sabor de la boca,
el afán de morirse y morir juntos, alguna vez, alguna tarde.
bailamos, debí decírtelo.
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